s.t (I.2015)

En las últimas décadas, la sociedad contemporánea se ha visto envuelta en una especie de carrera vertiginosa en la que los cambios se suceden demasiado rápido como para afrontar la realidad desde un punto de vista analítico y crítico. La pintura es la antítesis de todo esto. La práctica de la pintura no va acorde con estos tiempos de velocidad e inmediatez. La pintura es lenta, tanto en su ejecución, como en su secado. Por tanto la mirada que exige al espectador será una mirada sosegada. Para el pintor, estas características no son negativas. A pesar de tener unos ritmos más lentos a los del mundo real en el que vivimos, la pintura, a cambio, ofrece un deleite propio que permite el proceso de creación.
Es, a partir de esta reflexión, de donde parte la idea de este proyecto de investigación. Las obras que he desarrollado son pinturas de carácter tridimensional. Son obras íntimas y mínimas, que invitan a acercarse y a ser observadas detenidamente. Son piezas de pequeño formato que, en escasos centímetros, contienen momentos y pensamientos acerca de la pintura. Ocupándose, entre otras cosas, de reivindicar la mirada, de recordarnos algo tan necesario como el disfrute de los sentidos.

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